Jardines de Quatre Carreres. Valencia

Uno de los jardines recién inaugurado

Uno de los jardines recién inaugurado

El caso que aquí nos ocupa, es la adecuación de siete pequeños espacios intersticiales, construidos en su día sobre los escombros con los que se rellenaron los huecos entre los edificios, sin que nadie se ocupara mucho de ellos por pertenecer a un barrio en el que se iban a realojar etnias marginadas y sin recursos.

Antes de empezar estaba así ...

Antes de empezar estaba así …

La plantación de algunos árboles de esos que parecen capaces de sobrevivir hasta en un conflicto atómico, como olmos y falsas acacias, completaron el jardín original. Tras muchos años de abandono, entre otras cosas porque ya no nos acordamos de las prioridades que tenían que atender hace treinta años nuestros arruinados ayuntamientos, les llega el turno de su rejuvenecimiento, remodelación o reinvención, como cada cual quiera decirlo, o entenderlo.

La consecuencia de mantener un número mínimo de ejemplares, para su posterior renovación en años posteriores tras el desarrollo de las nuevas plantaciones, planteaba un serio inconveniente: con un solo árbol que se dejara por jardín, era absolutamente imposible cualquier trabajo de renovación de los rellenos sin destruir gran parte del dañado y superficial sistema radical de los árboles. Y sin una mejora de los suelos, las nuevas plantaciones de árboles sufrirían las mismas limitaciones que habían sufrido los árboles que ahora se jubilaban.

Otro de los jardines terminado

Otro de los jardines terminado

La única opción era mejorar el suelo existente, sin retirarlo, por medio de aportes de una mezcla muy rica en arena y sustratos muy ácidos, capaces de neutralizar los altísimos niveles de ph del suelo existente, y de ir creando con el tiempo unas mínimas condiciones de subsistencia. Además, se debería apoyar el sistema con una red que aportara el agua en profundidad, para conducir a las raíces hasta las capas más profundas, es decir, hasta los perfiles previos a los rellenos actuales, donde encontrarían mejores condiciones de humedad y alimentación. Por esta razón, y aun a pesar de las dificultades presupuestarias, la mayor inversión es la que no se ve, pero la más necesaria para intentar recuperar los jardines con un mínimo de garantías de futuro.

En la zona existe un déficit hídrico de unos 400 Mm. /año, por lo que es necesario un aporte de agua en los jardines. Así que aprovechamos el poco relleno que podemos aportar al suelo para instalar una red de goteo enterrado, controlado por un sistema vía radio, ya utilizado en otros jardines de la misma zona. Aunque caro con respecto al presupuesto total disponible, es indispensable para rentabilizar la inversión. Poder controlar riegos largos y espaciados, lógicamente sin césped en la superficie, mejora el enraizamiento y el anclaje de los árboles, evitando de paso su caída por vendavales. Y una buena capa de mulch nos sirve de transmisor de la humedad del suelo hacia la mejora y confort del ciudadano usuario de los jardines.

y otro más. Así hasta siete

y otro más. Así hasta siete

El resto de las actuaciones se limitaron a acondicionar el tránsito y las zonas de estancia con una mínima capa de hormigón cuyo acabado superficial debía sustituir a cualquier intento de pavimento. Y disponer el nuevo arbolado con algún mínimo derroche en arbustos y tapizantes que no requirieran mucho cuidado y tuvieran claras las condiciones a las que se iban a enfrentar, pues no hay imagen más triste en un jardín que la de las plantas lloriqueando porque nadie les lleva chucherías.
Y eso es todo. Ahora los vecinos se pueden sentar a la sombra de un árbol, oliendo a madera mojada y sin necesidad de sacar la barca o las botas de pescar para cruzar el jardín cada vez que llueve.

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