CIUDADES HIPOTECADAS

Muchos Ayuntamientos trabajan para conseguir unas ciudades más sostenibles y adaptadas a lo que pueda venir (eso que llaman resiliencia) Una medida bastante elemental y básica en este proceso es incrementar el número de árboles urbanos. Es un gran paso adelante. No hace mucho el árbol era considerado una molestia, al que se podía eliminar si alguien lo solicitaba, ya fueran los vecinos, el camión de la basura o el rediseñador urbano. En una ocasión supe de un gran eucalipto que iba a ser talado porque molestaba a la nueva alineación en una remodelación urbana. Como no había redes sociales para denunciarlo, llamé a la prensa local. Costó que algún medio se hiciera eco pues, no solo se trataba de un simple árbol, sino que además era un eucalipto, del que lo poco que se sabía es que era muy malo. Finalmente se salvó (solo había que eliminar una plaza de aparcamiento, que no es poco) y sigue todavía (creo) oxigenando el trozo de ciudad donde está.

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Unos años después empezó a preocuparme que se diera permiso a las companías de telecomunicaciones para ejecutar sus redes bajo las calzadas de las calles, ya que las aceras están colapsadas por las compañías tradicionales de agua, gas, telefonía y electricidad. Como adelantado a mi tiempo, intuí que si algún día, por mucho que tardara en llegar, algún alcalde o corporación descubría los maravillosos beneficios del arbolado urbano, se encontraría con estas redes en su intento de ampliar las aceras y dotarlas de alcorques adecuados a sus nuevos inquilinos. En algunos casos las redes se han ejecutado junto al bordillo de las aceras existentes, lo que permite, si la calle es suficientemente ancha, incorporar estas nuevas redes a la acera ampliada, y a continuación proceder a adecuar el espacio de plantación. (Por si acaso nadie me creía, hice algunas fotos en su momento)

ZANJA

Pero no siempre ni en todas partes se ha realizado así. Es más, cuanto más estrecha era la acera, no solo había que saltar a la calzada para situar las nuevas redes, sino que había que saltar otras redes que ya estaban bajo la calzada dada la mesura de las aceras.  Algo muy habitual en municipios pequeños y medianos en los que su crecimiento se basó en prolongar la trama antigua, sin apenas ampliar las anchuras de las calles. Ahora hay ayuntamientos que se encuentra con calles de ridículas aceras, y sin la posibilidad de ampliarlas dotándolas de arbolado.

La mayoría de nuestras ciudades, grandes, medianas y pequeñas, son un horno en verano. En los últimos cuarenta años hemos sufrido ochenta «olas de calor» y aunque tengamos algún primo que nos diga que eso del cambio climático es una quimera, cada vez vamos a sudar más. Las consecuencias sobre la salud de los ciudadanos son muy graves, y los incrementos de las defunciones, visitas a urgencias y episodios directamente relacionados con las altas temperaturas están suficientemente documentados. Y siguen aumentando. El hecho de que casi todos los afectados sean mayores de 65 años y menores de 4, no debería inclinarnos a obviar el problema, salvo algún impresentable que piense que es una manera de cuadrar la caja de las pensiones. La remodelación urbana dirigida a incrementar tanto como sea posible el arbolado es inaplazable. Pero para muchas calles de muchas ciudades, es una misión imposible por la ocupación de las aceras y calzadas con toda clase de servicios.
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Un Ayuntamiento pequeño o mediano no puede, por muy cuadradas que tenga las cuentas, acometer la reubicación de todas estas instalaciones. E imagino que los contratos de concesión eximen a las compañías del traslado de las redes para poder plantar árboles. Pocas soluciones hay, pero deben encontrarse, si no queremos que las consecuencias sobre la población acabe haciendo innecesarios los servicios proveídos por estas compañías.

 

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