SUDAD, SUDAD, MALDITOS

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No es mi intención maldecir a nadie, válgame el cielo, pero los últimos bochornos infernales que estamos padeciendo me recuerdan, en muchos aspectos, a la célebre película de Pollack, tanto por lo que estamos sufriendo, como por lo que hemos sufrido y vamos a sufrir. Y no parece que se estén tomando, precisamente, las medidas más adecuadas para evitarlo.

asfaltito_postUn verano más las olas de calor se repiten, y cada vez con más asiduidad y virulencia. No importa si es por el cambio climático o los últimos coletazos de la última desglaciación, pero el termómetro no engaña. Las urgencias de los hospitales se colapsan y las muertes directa e indirectamente relacionadas con el calor se disparan. Sabemos que a partir de determinadas temperaturas, que rondan los treinta y tantos grados según la ciudad, la morbilidad sube exponencialmente. Fuera de las estadísticas quedan los efectos causados por la alteración y dificultad para conciliar el sueño, la ansiedad e irritabilidad propias de un entorno pegajoso y sudado, y sus lamentables consecuencias familiares, que se traducen en broncas, lloros y demás desajustes de la ya de por sí difícil paz familiar.

Lo asumimos pensando que ha de ser así, que en Oslo se congelan en invierno y aquí nos asamos en verano. Que allí hay gente que muere de frío en invierno y aquí hay gente que muere de calor en verano. Que allí lo solucionan con Vodka y aquí con sangría. Que allí toleran la lactosa y aquí menos. El norte y el sur. Como siempre.

Sin embargo, hay herramientas y soluciones para nuestro tostadero estival que podrían cambiar, y mucho, las condiciones ambientales de nuestras ciudades más compactas, densas y apretadas. Y cambiar las condiciones ambientales significa poder respirar, que para una especie de sangre caliente como la nuestra, significa mucho. Desgraciadamente, casi todas las que se están usando o proponiendo, por no incluir sin más a todas, van en otra dirección. Es más, se siguen asumiendo como buenas algunas prácticas que deberían, como mínimo, replantearse su idoneidad y necesidad.

Por ejemplo, no hay verano sin que nuestras administraciones locales lancen su correspondiente plan de asfaltado, re-asfaltado o recontra-asfaltado. Para empezar aprovechan el mes de agosto para ello, por aquello de no molestar al tráfico. Pobrecito. Y para evitarle incluso molestias menores, ejecutan las obras con alevosía y nocturnidad. Una delicia para los vecinos que, cabezotas ellos, se niegan a largarse al chalet de la sierra, al pueblo o al Caribe, e intentan dormir tras un día de perros. ¡Como para intentarlo con la ventana abierta! Pero la cuestión no es esa. Sabemos que el asfalto bien soleado es capaz de acumular más calor que un millón de termos a punto de explotar (puede llegar a superar los 70 grados fácilmente) Y ese calorcillo es devuelto a la atmósfera (de donde respiramos) al caer el sol. Además, el aglomerado se ejecuta siempre sobre una losa de hormigón bien impermeable, no vaya a ser que se rompa. Y lo mismo para cualquier obra nueva en cualquier calle de cualquier ciudad. Por cierto, en el norte, donde en lugar de morir de calor en verano, se mueren de frio en invierno, utilizan acumuladores para almacenar ese calorcillo viario y utilizarlo en invierno para los sistemas de calefacción. Y funciona.

ya_sabiamos_hacerlo_postUn primer apunte: permeabilizar la ciudad puede bajar la temperatura del ambiente urbano varios grados. Los suficientes como para pasar de insoportable a soportable. Si además añadimos unos cuantos árboles (de los de verdad, verdes y frondosos) pasaría de soportable a agradable. Pero vayamos por partes, aunque sin olvidar que no estamos hablando de ciudades bonitas sino de mucha gente que lo pasa muy mal. Muchos ni lo pasan.

Lo último de lo último en el discurso urbano es la llamada infraestructura verde, que hay que reconocer que es un término que mola. Luego hablaremos de los términos que molan. Ahora tan solo un breve apunte acerca de este nuevo paradigma, para entender mejor de qué va. En realidad es la recuperación metodológica de lo que hacían hace bastante más de un siglo y medio los paisajistas americanos por medio de los sistemas de parques donde, no solo creaban una verdadera estructura básica verde para el posterior desarrollo urbano, sino que incluía sistemas de laminación y recuperación de los drenajes y, en algunos casos, hasta elementos que hoy conocemos como fito-depuración.  De esa experiencia nacieron las escuelas de Arquitectura del Paisaje (42 grados y 45 masters solo en USA), de las que más tarde se desgajaron las de Planificación Urbana (97 programas en la actualidad). Por motivos que no vienen al caso, los desarrollos urbanos siguieron por otros derroteros (bastante malignos) hasta que, hace ahora justo cincuenta años, otro grupo de paisajistas norte-americanos, capitaneados por el famoso Ian McHarg, publicaron la ya célebre Declaration of concern (estaban preocupados por lo que estaba pasando) consiguiendo que, aunque tímidamente al principio, las escuelas de arquitectura del paisaje y planificación urbana (escuelas que, por cierto, aquí prácticamente no existen) comenzaran a recuperar aquellas antiguas enseñanzas y a ponerlas en práctica al egresarse, en colaboración con los ingenieros hidráulicos urbanos.  De todo eso, por abreviar, nació la infraestructura verde, cuya finalidad era la gestión sostenible de los sistemas de agua, tanto como fuente como efluente.

raingardens-ausias-march-0-postEl término cruzó el charco y la Unión Europea lo transformó en una herramienta de pura desfragmentación del territorio, salvo en UK (de ahí el Brexit) que lo entendió como una maravillosa herramienta para resolver las infraestructuras que toda sociedad necesita, pero utilizando los sistemas naturales en lugar del hierro y el hormigón. Quizá la mejor versión del verdadero origen del término. Término que indudablemente se vende muy bien, por lo que era inevitable que se incorporara al discurso urbano como, evidentemente, infraestructura verde urbana. Al estar viciado por el uso que ha hecho la Unión Europea del término, ahora no sabemos muy bien si la infraestructura verde urbana es cosa del planeamiento verde, de la biodiversidad, de los jardines sin plantas, de los carriles para bicicletas, de la resiliencia o de la energía eólica. En realidad es todo eso, pues no es mas que la manera de resolver nuestros problemas por medio de los servicios ecosistémicos. Pero hay que entender que esos sistemas no son solamente verdes. El viento, la lluvia, el suelo o la evaporación, por poner algún ejemplo, son tan importantes como el verde urbano, cuando este verde urbano actúa como infraestructura verde, que no suele ser muy habitual.

Todo esto viene a cuento para volver a las campañas de asfaltado: si dejaran de ennegrecer el espacio viario sobre una losa impermeable, y se sustituyera con pavimentos permeables, el cambio en la isla de calor urbana sería de varios grados (hasta cinco). Y si además se pasara de vez en cuando una cuba mojándolo (nunca con agua potable) la temperatura aún bajaría más (hasta siete). Y si la calle dispusiera de un par de alineaciones de árboles de verdad, marcando el ancho de acera y no marcados por ella, la temperatura aún bajaría más (hasta diez grados). De ahí el paso de insoportable, a soportable y a agradable. De morir a sobrevivir y, de ahí, a vivir. Que son dos días. (En algunas grandes ciudades la diferencia de temperatura entre el centro de la ciudad y su entorno rural o natural llega a los dieciséis grados)

yeswecaninkent_postResumen del primer apunte:

La infraestructura verde urbana más importante no es verde, es gris.

(O roja, ocre, azul, . . .)

 

Próximamente:

Sudad, Sudad, Malditos, V2: Del verde y de lo humano en la ciudad

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