AL MENOS ES COMO VEO LO QUE SE VE DESPUÉS DE MIRAR

At least it’s what I see so that you see after you see it

GUILLE_FRIEDRICH

 

EL PAISAJE

El Paisaje es una de esas cosas que, por mucho empeño que pongamos, nunca podremos definir. No pertenece al mundo real, al mundo de los objetos y de los fenómenos; al mundo físico. Cualquier intento de aprehenderlo lo aleja más de nosotros. Es, como diría el poeta, lo que tiene de impalpable lo palpable, lo que tiene de invisible lo visible. Sin embargo, dentro del amplio y vasto conjunto de las cosas que no son cosas, de las que pueden hacer correr ríos y ríos de tinta sin más consecuencias que la aparición de más ríos de tinta, es de esas en las que la idea que de ella se tenga, puede, además de generar más gasto de tinta, afectar a nuestra vida más íntima, porque somos, en buena medida, consecuencia de lo que nos rodea y, precisamente, lo impalpable de lo palpable que nos rodea, el sentimiento que nos trasmite lo percibido, es lo que llamamos paisaje.

La búsqueda de métodos objetivos para convertir en mensurable la irrealidad del paisaje nos lleva, irremediablemente, a un entorno cada vez más doloroso. Querer hacer de un sentido íntimo un sentido común es una práctica perversa y equivocada. No podemos discretizar el grado ni el valor de los sentimientos, de lo sentido al ver o al oír. No podemos decidir ni atribuir más valor a una u otra pieza musical, sobre todo si de lo que se trata es de permitir la destrucción de las menos valoradas. El Tristán puede hacer que a mucha gente se le erice el vello. Pero no a más gente a la que emocione igual o más un pasodoble interpretado por la banda del pueblo en la plaza mayor durante las fiestas de su patrono. No es valorable el sentimiento, y menos cuando se pretende con esa valoración destruir el origen de tanta nostalgia y de tantas emociones. Pueden verterse ríos y ríos de tinta discutiendo acerca de su complejidad, de su ritmo, de su atrevimiento, de su novedad, de su belleza o de su simpleza y ordinariez. Pero ninguna de esas diatribas puede erigirse jamás en excusa para su destrucción.

Y eso es lo que está pasando con muchos de los sentimientos más íntimos de nuestra gente. En base a absurdas catalogaciones, algunos, que jamás tuvieron ni tendrán relación alguna con esos sentimientos, se erigen en jueces supremos de los recuerdos y sentimientos que pueden ser impunemente destruidos en pos, dicen, del progreso, como si durante miles de años no hubiera habido progreso con respeto a los ancestros y a lo que ellos vivieron. Es difícil de explicar, pero muy fácil de entender. Eso sí, por muchas explicaciones que se den, debe experimentarse para un completo entendimiento. Es como un orgasmo, que por mucho que se explique, no hay nada como experimentarlo para captarlo en toda su mismidad. Y, por supuesto, no creo que sea permisible impedírselo a alguien por feo.

LANDSCAPE

Landscape is something we will never define no matter the effort. It does not belong to the real world, to the world of objects and phenomena; or even to the physical world. Any attempts to apprehend it only push it further away. It is, as a poet might say, the impalpable of something that is palpable, the invisible of something that is visible. Within the vast set of things that are not things, in our attempts to define it we only make rivers and rivers of ink running without further consequences other than the appearance of more rivers of ink. Why do ideas about Landscape, beyond generating more rivers of ink, affect us so intimately? Because Landscape is the feeling that carries us to into the perceived world. Because we are, to a large extent, only a consequence of our surroundings, or more precisely, the impalpable of the palpable surrounding us.

The search for objective methods to make measurable the unreality of landscape, leads us, inevitably, to an increasingly painful environment. The idea of changing this intimate sense into a common sense is a perverse and misguided practice. We cannot discern the value of our feelings about something that we see or hear. We cannot decide or attribute more value to one or other piece of music, especially if it is to allow the destruction of the least valued. Wagner’s Tristan can make a lot of people’s hair stand on end but there are a lot of people out in the main square who can be equally or more excited by a pasodoble played by the town band during its patron saint’s festival. Sentiments cannot be valued, and even less when the valuation is intended to destroy the origin of so much nostalgia and emotion. Rivers and rivers of ink can pour out discussing their complexity, their rhythm, their audacity, their novelty, their beauty, or their simplicity and ordinariness. But none of these diatribes can ever be an excuse to destroy.

Unfortunately, this is what is happening with many of the most intimate feelings of our people. On the basis of absurd landscape cataloging, some people who never have had or will have any connection with these sentiments, have become self-appointed supreme judges of the memories and feelings of thousands of civilians. All these sentiments can be destroyed with impunity, they say, because of progress, forgetting that the human being has progressed for thousands of years with respect towards the legacy of our ancestors. It is difficult to explain, but very easy to understand. Of course, in spite of the many explanations given, it must be experienced for a complete understanding. It’s like an orgasm; no matter how much it is explained, there is nothing like experiencing it to capture it in all its uniqueness. And, of course, I do not think it’s permissible to forbid from someone just because they are ugly.